miércoles, 26 de enero de 2011

Mi amigo Spycowardmilk

                           

      Abrí los ojos y por poco los cierro de nuevo para siempre. Apuntito del infarto. Un tipo salido de una película de ciencia ficción estaba cómodamente sentado en la butaca frente a mi cama, con las piernas cruzadas y las manos apoyadas en los extremos de los reposabrazos. Acojona comprobar que alguien se pueda colar en tu casa mientras duermes, por algo le decía yo siempre a Rosa que teníamos que vivir en la ciudad en lugar de esta villa en una urbanización aislada del mundo. Si además el ciudadano mide más de dos metros, tiene la cara de color azulado, el pelo rubio platino fosforescente tipo grupo Police años ochenta, y va vestido de forma que Jean Paul Gaultier parezca pasado de moda, entonces ya lo flipas. 
    Su mirada era risueña y divertida mientras me observaba en la cama frotándome los ojos y no dando crédito a la situación que estaba viviendo, como si todo fuera una pesadilla de la que quería despertar cuanto antes.
      -¿Quién coño eres?- le pregunté, con el ritmo cardíaco aún desbocado.
      -Me llamo Spycowardmilk y vengo de Venus- respondió con una voz cálida y serena.
      -Joder tío, no te quedes conmigo. Ese nombre es un pastiche mal hecho de palabras del inglés, así que vete quitándote la careta para que vea quién eres y déjate de vacile. Ya vale de bromas-.   
      -Hablo en serio. He venido para tu boda-.
      -¿Mi boda? ¿Se puede saber de qué coño estás hablando?-.
      -Has dicho la palabra coño dos veces en menos de medio minuto. ¿Es por costumbre o por carencia?-.
      -Mira, “Espía cagón leche”  o como quiera que te llames-, le dije poniéndome un poquito bravo, -mi nombre es Luis Felipe Pérez García, Luisfe para los amigos, tengo cincuenta y dos años, soy asesor financiero, hace veinte años que estoy casado, tengo dos hijos y no me gusta que me toquen los cojones a las siete y cuarto de la mañana-.
      -¿Estás seguro? ¿Te has mirado últimamente en un espejo? Por tu aspecto yo diría que tienes treinta y cuatro años, dos meses, cinco días, dos horas, quince minutos y veintiocho segundos de vida.  ¿Dónde está tu esposa? No la veo en tu cama-.
    De repente me di cuenta de que estaba solo. Retiré el edredón a mi izquierda y la sábana estaba fría y sin huella de un cuerpo acostado. Salté de la cama y corrí a la habitación próxima. Encendí la luz. Aquel no era el cuarto de mis hijos. El suelo estaba enmoquetado de color rojo. A un lado del ventanal y a lo largo de la pared había un teclado y un par de guitarras que colgaban de los enganches. Al otro una pequeña mesa de mezclas y un ordenador. En el centro de la habitación, un pie con el micrófono conectado a la entrada de la mesa de sonido.
      -¿Qué coño está pasando? ¿Qué has hecho con mi familia? ¿Quién ha cambiado las habitaciones?-  le gritaba mientras corría como loco por el pasillo de la casa abriendo las puertas esperando encontrarlos.
    -¡Rosaaaaa!- grité. -¿Has organizado tú esta movida?-
    Entré en el baño. Encendí la luz y me miré en el espejo. Una erupción de calor me subió desde el estómago hasta el cerebro anulándome cualquier posibilidad de pensamiento o reacción y bruscamente se transformó en un profundo escalofrío. La imagen del espejo me miraba alucinada. Era el rostro de una persona con pelo largo y veinte años más joven. Noté que le faltaba el aire y cada vez tenía mayor dificultad para respirar. Sentí su pánico viendo las gotas de sudor frío que le caían desde la frente por el rostro. Mi visión se fue nublando en un último esfuerzo por coger aire, y mientras sentía cómo mis piernas se doblaban como barquillos, la imagen siguió mis movimientos perfectamente acompasada mientras me desplomaba en el suelo. 


    Fui recuperando el conocimiento poco a poco. Él estaba de pie mirándome fijamente, con la misma mirada y semblante de siempre. Por lo visto me había llevado hasta el sofá de la sala. 
      -¿Te encuentras mejor?-
      -¿Qué me está pasando? Me duele la cabeza-.
      -Quiero que te tranquilices y atiendas lo que voy a decir.-
    Apoyó sus manos a ambos lados de mis sienes sujetando mi cabeza durante unos segundos. Sentí que una sensación de paz y bienestar recorría mi cuerpo y el corazón latía reposadamente. Desapareció la sensación de miedo y vértigo que me había poseído desde que había abierto los ojos, e increíblemente relajado me dispuse a escucharle.


      -Te he dicho antes mi nombre y el planeta del que procedo. Como bien sabrás, mi planeta recibe su nombre en honor a Venus, la diosa romana del amor. Venus y la Tierra son planetas hermanos, ambos son muy parecidos, y cada uno de nosotros tiene su par en la Tierra. Tenemos según nuestras leyes la libertad de intervenir o quedarnos al margen durante toda vuestra vida. Tú eres mi par en la tierra, y hace tiempo que te veo solo y un tanto perdido. Hoy era tu aniversario de bodas y tenías planeado suicidarte exactamente a las doce y media del mediodía. Hasta para poner fin a tu vida eres perversamente maniático. Este es el motivo por el que estoy aquí, he venido para ayudarte. De hecho, ya tengo todo organizado, así que no deberíamos perder mucho tiempo. Te casas hoy a las doce y media.
      -Pero si ya estoy casado. ¿mi familia?-
      -Tu familia la habías perdido porque no te ocupabas de ellos. Llegaron a formar parte del mobiliario de la casa. Te molestaban. Solamente pensabas en ti mismo. Llevas años esclavizado por tus obsesiones, tus manías, tus miedos. Te estoy dando la oportunidad de intentarlo una segunda vez. Eres de nuevo el que has visto en el espejo. No es un sueño. Hazte a la idea de que has vivido una ensoñación durante todos estos años y que ahora, desde hoy mismo, comienza la realidad. ¿Sabes lo que darían muchos por una segunda oportunidad? ¿La vas a desaprovechar?-.
      -¿Porqué tengo que creerte? ¿Y si me tomé ayer algún alucinógeno y todavía estoy puesto? ¡Nadie puede retroceder en el  tiempo y ser más joven! -.
      -No vas a alterar el orden mundial, es tu propia vida de lo que hablamos. Imagínate que estás echando mano de la memory card de la play station y reinicias la partida de nuevo en un punto en que dominabas el juego, te sentías seguro y controlabas el nivel de dificultad. ¿No quieres intentar hacer esta vez las cosas mejor a partir de ese punto? ¿No estás dispuesto a luchar por esos sueños que fuiste dejando de lado a cambio de una seguridad que te vendieron y que fue poco a poco aniquilándote y dejando vacío de ilusiones? Dejaste de ser tu mismo y te hundiste en la miseria. ¿Quieres coger los mandos y reiniciar el juego de tu vida o prefieres despertarte en tu realidad anterior? Tu decides, pero hazlo rápido. No me queda mucho tiempo para preparar el camino. Yo mismo tengo mis limitaciones-.
      -De acuerdo. Estoy dispuesto-.
      -Muy bien. Entonces dame las manos y cierra los ojos-.

    Riiiiiiinnnng! Riiiiiiinnnng! Riiiiiiinnnng! Riiiiiiinnnng! El teléfono estaba sonando. Corrí del sofá a cogerlo. Era mi padre.
      -Luisfe, ¿cómo has dormido hijo?-.
      -Bien papá, muy bien, gracias-.
      -Pasará a recogerte Carlos con el coche a las doce menos cuarto.  ¿Estás nervioso?-.
      -No, por ahora no. Me imagino que será peor cuando llegue el momento y estemos rodeados de toda la gente. Voy a pegarme una buena ducha y desayunar. Nos vemos en la entrada del Juzgado-.
      -Adios hijo- y colgó.

    Cuando llegué a la puerta del Juzgado ya estaba todo el mundo esperando en el exterior. Fui saludando a familiares y amigos mientras me acercaba hacia mis padres. Al momento se creó un revuelo. Me giré y vi a Rosa bajando del vehículo. Estaba preciosa. Se acercó hacia mí y nos dimos un beso. Cogidos de la mano atravesamos el vestíbulo en dirección a un pasillo que llevaba hacia la sala de ceremonias. Detrás nos seguían todos los invitados. De pronto me paré desconcertado. Algo me decía que esa situación ya la había vivido anteriormente, eso que los franceses llaman tan finamente un “déjà vu”.
    Sin saber realmente porqué miré a Rosa y le dije:
      -Esta vez pienso hacerlo bien, te lo prometo-.
      -No sé de que me hablas-.
      -No importa, yo tampoco-, respondí. Vamos. Tenemos a todos esperando.

miércoles, 12 de enero de 2011

González & Aznar

      Esta mañana, mientras caminaba por uno de los principales barrios de la ciudad hacia el trabajo, he visto varios indigentes tumbados en los entrantes de soportales y comercios, acurrucados y cubiertos totalmente bajo una manta, con todas sus pertenencias en bolsas de plástico diseminadas por el suelo.

    Llevamos varios años con un continuo bombardeo en los medios de comunicación con el tema de la crisis. Todos conocemos a alguien que está en regulación de empleo o se ha quedado en el paro, pero quizás hasta hoy no había tenido conciencia de la magnitud que la crisis económica va tomando. Esta sociedad está generando a nivel mundial una nueva casta, la de los Parias. No son inmigrantes, no son de fuera. Son gente nativa del País de origen que los vio nacer. Son uno de los nuestros que de repente se han quedado sin nada, en total desamparo, en la absoluta indigencia y soledad, que es la más puñetera de las miserias.
    Muchos de ellos deberían estar en centros de acogida, de salud y en rehabilitación. Cuando una persona se abandona totalmente, cuando alguien pasa el día sentado en un banco frente al soportal en que se va a tumbar a dormir a la intemperie por la noche, y así dia tras día esperando la muerte, ese ser humano está pidiendo ayuda a gritos. El problema es que son los gritos del silencio y todos nos hacemos los sordos, están empezando a ser parte del mobiliario urbano y nos hacemos los ciegos. En los centros de acogida no dan abasto y la estancia es temporal, así que sólo les queda la calle.
    Y según caminaba no he podido evitar el pensamiento de que cualquiera de nosotros nos podemos encontrar un día en esa misma situación. Mientras que desde los gobiernos llaman a la contención salarial, amplían los años de cotización y modifican la edad de jubilación hasta los 67 años, muchos ciudadanos viven en la incertidumbre del futuro que les espera si pierden su trabajo sin poder cumplir ese periodo laboral y aspirar a una pensión digna. Así que se le corta a uno la digestión cuando oye en la radio la siguiente noticia:
   
    "Endesa contrata al ex-presidente Aznar por 200.000 euros anuales, días después de que Gas Natural se hiciera con González por 125.000."
   
    Espero por ética y sería de recibo que estos señores, dos ex presidentes de Gobierno, renuncien a sus pensiones vitalicias (pensiones siempre cuestionables) mientras desempeñen sus nuevos cargos laborales. Me parece estupendo que grandes empresas utilicen su imagen y potencial para captar mercados y generar más riqueza para dichas empresas. Lo ideal sería que esa riqueza también contribuyera a generar trabajo y aliviar la desgracia de todos los que se están viendo en una situación extrema, pero lamentablemente, ética, frente a economía y política siempre han sido elementos antagónicos.
    Decía Aristóteles que la corrupción de la democracia es la demagogia, y puesto que jamás hubo tantos demagogos como en los tiempos que corren, a los que se les llena la boca con la palabra democracia mientras deciden a su libre antojo las decisiones a tomar, sean del bando que sean, investidos de razón por el poder que se les otorga cada cuatro años en las urnas, ¿podríamos llegar a la deducción de que vivimos en una democracia corrupta?.
    El populacho asiste alucinado al pim,pam,pum al que se someten los bandos políticos en los medios de comunicación, distrayéndose los domingos con el fútbol, sustituto del circo romano, y rezando por que no nos falte el pan nuestro de cada día.
    Pero mejor no ver, no oir, no hablar. Para qué complicarse la vida, ¿verdad...?
  

miércoles, 5 de enero de 2011

Tranquilos, no pasa nada.

      En un país imaginario, singular y pintoresco como ninguno, en el cálido atardecer de un dia de verano, el Presidente del Gobierno de dicho País realizaba una visita sorpresa a las habituales  “Jornadas de las Juventudes Somelistas”, en las que durante una acampada vacacional de tres días, charlaban y debatían sobre el futuro del somelismo y su adaptación a las estructuras de los sistemas actuales. Después del alboroto general por su llegada, se sentó en un corro con algunos de ellos, rompiendo el protocolo, iniciando una charla informal, preguntándoles por sus principales inquietudes. De repente, uno de los jóvenes alzó la cabeza hacia el horizonte y se levantó sobresaltado.

(Joven 1)  -Aquello que se divisa en el horizonte parece humo-.

(Presidente)  -Tranquilo muchacho. Seguramente es la polvareda que levanta algún 4x4 alterando la paz de la dulce naturaleza-.

 (Joven 1)  -Presidente, ahora se ve una luz muy intensa, parece fuego. ¿No será un incendio?-.

(Presidente)  -Tranquilo muchacho. Es el sol poniéndose tras la ladera del monte. Qué grandioso momento-.
 (Joven 1)  -Presidente, ¿no huele a quemado?-.

(Presidente) -Tranquilo muchacho, estamos en época de barbacoas. Habrán encendido alguna fogata o quizás alguien esté quemando rastrojos-.

 (Joven 1)  -Presidente, ¡mire!. El fuego asoma por aquella colina-.

(Presidente) - Tranquilo muchacho. Efectivamente, parece y digo parece que es fuego, pero en todo caso, estamos lejos de aquella zona. No creo que tengamos que preocuparnos. A la distancia que se encuentra, si es un incendio, no nos afectará-.

           Cinco minutos más tarde… 

(Responsable de las Jornadas)  -Presidente, ¿no sería más seguro desalojar la zona?-.

(Presidente)  –No hay motivos para crear ningún tipo de alarma. Que no cunda el pánico. Me comentan mis asesores que ya están tomadas todas las medidas necesarias para atajarlo. ¡Que corra el salchichón y esa bota de vino!-

    El sonido del rotor de las hélices de un helicóptero se fue haciendo cada vez más intenso. En segundos apareció por encima de los árboles y tomó tierra a unos cien metros de donde estaban todos acampados. Dos hombres con distintos uniformes saltaron del aparato, y agachados para salvar el pescuezo de las hélices, avanzaron hacia el grupo. El presidente y sus asesores dejaron a los jóvenes y se dirigieron a su encuentro. Tras un breve conversación, uno de ellos sujetó al presidente por el brazo y lo llevó hacia el helicóptero. En menos de un minuto el aparato se alejaba por encima de los árboles con el Presidente a bordo, ante el estupor de los muchachos. Uno de los dos hombres que habían descendido del aparato se acercó a los jóvenes. Llevaba uniforme militar.

(Militar) -Escucharme todos. Hemos tenido que evacuar al Presidente por su seguridad. Ahora necesitamos la ayuda de todos vosotros. El fuego avanza de forma incontrolada y todas las manos son pocas en estos momentos. Se acerca hacia aquí un camión para recogeros. Se os va a llevar, junto con mi destacamento a una de las zonas designadas para realizar un cortafuegos. Espero que sepais estar a la altura de las circunstancias. Eso es todo-.

    El presidente, sentado junto a la ventanilla del helicóptero, observó según se elevaban los gestos que hacía uno de los muchachos, gesticulando como loco gritando a los ocupantes del aparato. Se fijó en el movimiento de sus labios.

(Presidente)  –Es curioso Coronel, pero si ese muchacho no fuera un simpatizante nuestro, juraría que está haciendo un corte de mangas y llamándonos hijos de la gran puta. Habrá que sancionar a ese chaval.

(Coronel) –Me temo que no va a poder ser, Señor Presidente. Por fortuna hemos llegado con el tiempo justo para salvarle a usted. La zona está totalmente rodeada por el fuego y será un milagro si salen vivos de esta.

(Presidente) –Bueno, en ese caso lo dejaremos pasar. Estos chavales...
     
                                                                        FIN

Verdugo, ¿me prestas la Guillotina?

    Joder Claudio, con la que está cayendo y todo el mundo se va de rositas. Aquí nadie se hace responsable de nada. La crisis mundial no la ha creado Paco, el del kiosco de los periódicos, ni Tere la de la floristería, ni Juan el encofrador.
    Hasta hace un par de años todo el mundo iba desatado. Me llamaba la atención el tren de vida de personas que conociendo su profesión laboral, no cuadraba su sueldo con ese ritmo. Serán más listos que yo, pensaba...
    Unos se compraban un segundo piso en alguna zona del sur de España, -es una inversión- decían, mientras firmaban créditos hipotecarios que parecían regalar los bancos y a los que más tarde no han podido hacer frente, malvendiendo o perdiendo el piso y teniendo que hacer frente a los pagos de los créditos.
    La gente guapa compraba bonos de esto y de lo otro, -no te preocupes, yo te lo coloco y voy a conseguirte unos rendimientos acojonantes, -le decía su agente antes de que saltara la liebre en los USA y se fuera todo a tormar por el culo con los bonos basura. Todo era guay del Paraguay. ¿Cuánto quieres para el piso? ¿Quieres cambiar de coche? ¿Hacer un crucero? Ya pagarás, no te preocupes, parecían anunciar.
    Y ahora, ¿Nadie sabe nada ni es responsable?. Los bancos no saben nada. Los políticos, que siempre están en la nada, flotan ahora en la nada al cuadrado, ensayando ante el espejo mientras se cepillan los dientes, caras de honda preocupación que luego pondrán ante las cámaras de las cadenas de televisión. Eso si, se reúnen cada cierto tiempo en un país diferente y se ponen las notas unos a otros según lo están haciendo cada uno, como en el colegio. 
    Y la gente de a pie, la que las está pasando putas y ve que se va hundiendo paso a paso, la que no vislumbra el menor rayo de luz al final del túnel, se está empezando a mosquear.  Se han visto ya algunas pequeñas revueltas en Francia y Grecia. En Roma se han liado a tortas manifestantes y policías a causa de un mandatario que es una deshonra para el pueblo italiano y una vergüenza para el ser humano. 
    ¿Te imaginas las consecuencias en otros tiempos? A buen seguro que los responsables de todo este despropósito hubieran sido presentados ante la justicia, y posteriormente habrían desfilado de uno en uno en la plaza mayor y ante la presencia del pueblo, bajo la dulce cuchilla de “Madame Guillotine”. Pero vivimos en otra época. Somos seres civilizados... Si te dan por el culo, aguanta y calla, no sea que si protestas y gritas se moleste el vecino y te denuncie.
    Te envidio, Claudio. Te imagino en la playa del Caribe, con tu mojito en una mano y el puro habano en la otra. Vendiste a tiempo el negocio y la casa para elegir otro lugar y otra forma de vivir. ¡Bendito pirata, qué listo fuiste! Ahora entiendo tu empeño en que te tenga al corriente de lo que por aquí sucede. Cuantas más noticias te doy, más te ríes y te reafirmas en la decisión que tomaste.
    A la espera de noticias, recibe un fuerte abrazo de tu amigo,

                                  Capitán Beltz

Putas y Cortesanas

    
    Amigo Claudio:
    Si damos un repaso a la Historia de España desde los Austria y Borbones parándonos a estudiar la parte más intrigante y escabrosa, la que mezcla política y diplomacia con pasión y bajos instintos, podremos comprobar el papel relevante que las cortesanas han tenido siempre en el quehacer de la Nación. 
    Una Cortesana de lujo, instruida y con estilo, una puta con clase y maneras, es mucha señora y mucha puta, y allá por donde pisara y en acto social al que acudiera, siempre sabía despertar sentimientos encontrados a su paso. Primero, el deseo de todo macho dispuesto a desenvainarla en cualquier lugar y hora, haciendo valer su nivel social o su linaje, y no hablo de la espada.   Segundo, la envidia de aquellos que deseándola, sabían que nunca iban a conseguirla, y tercero, las ganas de envenenarla de más de una noble con la mosca detrás de la oreja y preocupada de que su marido fuera uno de sus fieles admiradores. 
    Los intrigantes sabían, que además de una conversación ingeniosa, un glorioso revolcón , un polvo castizo y sudado tan auténtico como el cocido madrileño, la casquería o los huevos rotos con patatas, en ocasiones uno podía conseguir por un precio extra, valiosa información de todo lo que acontecía en la Real Villa de Madrid,  y que las mejor situadas, por más deseadas, sabían extraer de algún personaje que también se desfogara en el mismo lecho, al que se le fuera la lengua, engatusado tras la cópula y antes de abandonar el lecho caliente al alba.
    Eran placeres estos que solamente podían degustar unos pocos elegidos de alto linaje o nivel social, ya que una mujer de esta escuela no caía en los embauques de aventureros y tenorios de la época, teniéndose estos que dedicar a engañar y desfogarse con jovenes ingenuas y enamoradizas o putas de la calle.
    Dando un salto en la máquina del tiempo desde aquella época a nuestros días, podemos comprobar que en la actualidad su profesión se ha transformado notablemente. Ante todo, la tarjeta de presentación, la imagen pública. Algunas, al estilo de los camaleones, mutan en el entorno, dándose a conocer como artistas, misses, modelos, presentadoras, tertulianas. Asisten a presentaciones de grandes marcas comerciales, fiestas sociales y demás saraos nocturnos en las que alguien un día les presenta a un famoso torero, cantante, banquero, empresario, con el que mantienen una relación generalmente esporádica. Pero ahora, a diferencia del pasado, todo el mundo debe enterarse. Los secretos de alcoba ya no existen, ahora es en un plató de televisión donde algunas cortesanas van de canal en canal desnudando sus vidas, contando sus intimidades y miserias sin el menor pudor, cobrando por cada visita, por cada trozo de piel que se arrancan en cada entrevista, en cada confesión. Y todo lo que saben de determinado personaje con el que han mantenido una relación queda al descubierto en cinco minutos ante varios millones de espectadores.
    Los hombres que con ellas se relacionan tampoco tienen mucho que ver con los de antes de capa y espada. En vez de un encuentro fugaz y discreto gozan con exhibirse ante los demás, las pasean entusiasmados, confundiendo a su vez amor con deseo, intentando crear una relación condenada desde el principio al fracaso.  No hay agua suficiente para apagar esta hoguera de las vanidades. A alguno sólo le falta poner en la matrícula de su coche el siguiente lema: “Para chulo, mi pirulo”.
    Bien haría a esta sociedad que la peste negra se los llevara a todos en el mismo viaje, incluyendo a quienes organizan esos circos, productoras, mensajeros y plumillas. Pero como las cosas van como van, pan y circo para el pueblo, que así los tenemos entretenidos.
    Si nuestro amigo el Capitán Alatriste aun existiera, viviría confuso en un mundo en el que ya nada es lo que parece y pocos son quienes dicen ser.
    Como bien dice otro buen amigo extremeño: desde que se inventaron el bidé y la máquina de cortar jamón, ni el coño sabe a coño, ni el jamón sabe a jamón.
    Espero Claudio, que a la vuelta de mi viaje, si los controladores lo permiten, podamos seguir charlando con una copa de vino sobre el tema.
    Un fuerte abrazo,
                                     
                               Capitán Beltz

Sin calzoncillos y a lo loco...

                                                           Capítulo I

  
         Se despertó sobresaltado. -¡ Hostias, las ocho y cinco !- gritó, mirando incrédulo el reloj despertador. Saltó de la cama como loco. Tenía que estar a las ocho en el trabajo.
- ¡ Puto despertador ! -, exclamó lanzándolo contra el suelo. Hoy mismo me tengo que comprar otro. Es la segunda vez que me falla.
    Abrió el grifo de la ducha mientras se rasuraba la barba con la maquinilla. Listo. Al agua. Metió un pie en la bañera y -¡ joder !- el agua estaba helada. Otra vez el calentador de marras. A tomar por culo, ni ducha ni leches. No me va a quedar más remedio que cambiar el calentador, pensó mientras se vestía. Como no encontraba la caja de sus lentillas de usar y tirar, se puso las gafas graduadas, cogió las llaves del coche y bajó por el ascensor hasta el garaje. Sabía que de casa a la oficina, sin problemas de tráfico, tardaría unos doce minutos aproximadamente. Descendió la cuesta, giró a la izquierda y siguió a toda pastilla hasta llegar al puente de Zubiaurre. Giró nuevamente a la derecha y vió el semáforo todavía en verde. Apretó el acelerador.
    Si el semáforo se ponía en rojo perdería varios minutos. Dos coches iban delante.
     - ¡ Ambar, jodeeeeer...! - . El primero pasó, pero el segundo frenó en seco justo cuando él aceleraba para poder pasarlo también. El ruido de la chapa con el golpe fue acojonante. Le enculó con poderío. Al instante sintió un hostión en todo el careto que le incrustó las gafas hasta los pensamientos. Acababa de descubrir cómo se activa un airbag...
   
   
    Estaba K.O. del golpe. Totalmente grogui se soltó el cinturón de seguridad y salió tambaleante del coche con las gafas en una mano mientras se palpaba la cara con la otra. ¡joder, cómo le dolía la nariz! En ese momento, oyó una voz femenina que procedía de la ocupante del coche embestido.
    -Gilipollas, - ¡estás loco o qué...! -  
Levantó la mirada y la reconoció de inmediato.
    -Hola Laura. ¿Qué tal? ¿Vaya momentazo, eh?-
Élla le miró alucinada, mientras veía la sangre que empezaba a manar de la nariz del tipo que le había sacudido por detrás.
    -¿Miguel?- respondió preguntando a su vez.
    -Sí, o lo que queda. ¡ Mamá pupaaaaa...!

    Hacía por lo menos siete años que no se veían. Habían salido en varias ocasiones durante un verano. Mucha marcha, algún revolcón, y un día sin saber porqué, ninguno de los dos llamó al otro.
    Laura volvió a su automóvil, abrió la guantera y sacó una pequeña carpeta. La apoyó sobre el capó y sacó los papeles del seguro junto con un impreso de parte amistoso de accidente. Él la miraba hipnotizado. La había conocido con veintidós años. La transformación que se había producido en esos siete años era impresionante. Ahora tenía delante de él a una mujer con veintinueve, de una belleza que le tenía totalmente flipado (estaré alucinando del hostión, pensó), y cuya forma de desenvolverse, la seguridad en su tono de voz, no recordaban en nada a la chica pasotilla que él había conocido. Como en un sueño en el que no tienes el control de lo que sucede, su boca se abrió y se oyó a sí mismo diciendo:
    -Laura, esta noche actuamos en la Sala Paraíso. ¿Te apetece venir ? Después podíamos tomarnos una copichuela-.

    -¿Acabas de embestirme por detrás y todo lo que se te ocurre es invitarme a un concierto de rock?   ¿Te has pasado al crack? ¿Ya no te hace efecto la maría? –
    -Laura, no te pongas así... ¿No te das cuenta? El destino nos ha juntado de nuevo. Nada es fortuito en la vida. Esto que ha pasado tiene que ser por algo.-
    - Sí, claro que es por algo. ¿Quizás porque conduces como un borrico y puede que el desayuno haya ido acompañado de un porrito de los que acostumbrabas?. -
    -Coño, si ni siquiera he desayunado, Laura. Se estropea el despertador, el calentador, destrozo el coche, y sólo son las nueve menos cuarto de la mañana. ¿Qué más me depara el día? Si sigo así esta noche acabaré electrocutado con la guitarra. Esto es la teoría del caos. Dime que vendrás esta noche-.
    -Vale, para ya. Iré al concierto, una cerveza y me voy a mi casa... sooliitaaa, que te conozco. ¿De acuerdo? Y ahora vamos a rellenar el parte de una vez que tengo prisa.
                                                                                                                                  (seguirá...)

Cómo dejar de fumar en una sesión

(Paciente) -Doctor, por más que lo intento, no puedo dejar de fumar.

(Doctor) -¿Le gustaría dejarlo de forma radical?

(Paciente) -Sí, sí. Por supuesto.

(Doctor) -Firme el impreso de consentimiento informado, por favor. Muy bien, ahora encienda un cigarrillo.

(Paciente) -¿Aquí en su consulta?

(Doctor) –Sí.

(Paciente) Saca su paquete de Malboro, extrae un cigarrillo y lo sujeta con la comisura de los labios. En el momento que va a encender el cigarrillo,  ¡ foummm ! un hostión que le arrea el Doctor en todo el careto, y el cigarro sale volando por el aire. El Paciente le mira perplejo, incapaz de reaccionar, de articular cualquier palabra mientras le saltan las lágrimas de dolor.

(Doctor) -¿Le apetece encender otro? Encienda, encienda.

(Paciente) -¡ Nooooo, Doctor, no. Gracias. No me apetece...!.

(Doctor) -¿Ve los resultados?. Se lo dije. Un método radical. Son seiscientos euros. Puede irse. La enfermera se encarga de los honorarios. Buenas tardes...