miércoles, 12 de enero de 2011

González & Aznar

      Esta mañana, mientras caminaba por uno de los principales barrios de la ciudad hacia el trabajo, he visto varios indigentes tumbados en los entrantes de soportales y comercios, acurrucados y cubiertos totalmente bajo una manta, con todas sus pertenencias en bolsas de plástico diseminadas por el suelo.

    Llevamos varios años con un continuo bombardeo en los medios de comunicación con el tema de la crisis. Todos conocemos a alguien que está en regulación de empleo o se ha quedado en el paro, pero quizás hasta hoy no había tenido conciencia de la magnitud que la crisis económica va tomando. Esta sociedad está generando a nivel mundial una nueva casta, la de los Parias. No son inmigrantes, no son de fuera. Son gente nativa del País de origen que los vio nacer. Son uno de los nuestros que de repente se han quedado sin nada, en total desamparo, en la absoluta indigencia y soledad, que es la más puñetera de las miserias.
    Muchos de ellos deberían estar en centros de acogida, de salud y en rehabilitación. Cuando una persona se abandona totalmente, cuando alguien pasa el día sentado en un banco frente al soportal en que se va a tumbar a dormir a la intemperie por la noche, y así dia tras día esperando la muerte, ese ser humano está pidiendo ayuda a gritos. El problema es que son los gritos del silencio y todos nos hacemos los sordos, están empezando a ser parte del mobiliario urbano y nos hacemos los ciegos. En los centros de acogida no dan abasto y la estancia es temporal, así que sólo les queda la calle.
    Y según caminaba no he podido evitar el pensamiento de que cualquiera de nosotros nos podemos encontrar un día en esa misma situación. Mientras que desde los gobiernos llaman a la contención salarial, amplían los años de cotización y modifican la edad de jubilación hasta los 67 años, muchos ciudadanos viven en la incertidumbre del futuro que les espera si pierden su trabajo sin poder cumplir ese periodo laboral y aspirar a una pensión digna. Así que se le corta a uno la digestión cuando oye en la radio la siguiente noticia:
   
    "Endesa contrata al ex-presidente Aznar por 200.000 euros anuales, días después de que Gas Natural se hiciera con González por 125.000."
   
    Espero por ética y sería de recibo que estos señores, dos ex presidentes de Gobierno, renuncien a sus pensiones vitalicias (pensiones siempre cuestionables) mientras desempeñen sus nuevos cargos laborales. Me parece estupendo que grandes empresas utilicen su imagen y potencial para captar mercados y generar más riqueza para dichas empresas. Lo ideal sería que esa riqueza también contribuyera a generar trabajo y aliviar la desgracia de todos los que se están viendo en una situación extrema, pero lamentablemente, ética, frente a economía y política siempre han sido elementos antagónicos.
    Decía Aristóteles que la corrupción de la democracia es la demagogia, y puesto que jamás hubo tantos demagogos como en los tiempos que corren, a los que se les llena la boca con la palabra democracia mientras deciden a su libre antojo las decisiones a tomar, sean del bando que sean, investidos de razón por el poder que se les otorga cada cuatro años en las urnas, ¿podríamos llegar a la deducción de que vivimos en una democracia corrupta?.
    El populacho asiste alucinado al pim,pam,pum al que se someten los bandos políticos en los medios de comunicación, distrayéndose los domingos con el fútbol, sustituto del circo romano, y rezando por que no nos falte el pan nuestro de cada día.
    Pero mejor no ver, no oir, no hablar. Para qué complicarse la vida, ¿verdad...?
  

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