Abrí los ojos y por poco los cierro de nuevo para siempre. Apuntito del infarto. Un tipo salido de una película de ciencia ficción estaba cómodamente sentado en la butaca frente a mi cama, con las piernas cruzadas y las manos apoyadas en los extremos de los reposabrazos. Acojona comprobar que alguien se pueda colar en tu casa mientras duermes, por algo le decía yo siempre a Rosa que teníamos que vivir en la ciudad en lugar de esta villa en una urbanización aislada del mundo. Si además el ciudadano mide más de dos metros, tiene la cara de color azulado, el pelo rubio platino fosforescente tipo grupo Police años ochenta, y va vestido de forma que Jean Paul Gaultier parezca pasado de moda, entonces ya lo flipas.
Su mirada era risueña y divertida mientras me observaba en la cama frotándome los ojos y no dando crédito a la situación que estaba viviendo, como si todo fuera una pesadilla de la que quería despertar cuanto antes.
-¿Quién coño eres?- le pregunté, con el ritmo cardíaco aún desbocado.
-Me llamo Spycowardmilk y vengo de Venus- respondió con una voz cálida y serena.
-Joder tío, no te quedes conmigo. Ese nombre es un pastiche mal hecho de palabras del inglés, así que vete quitándote la careta para que vea quién eres y déjate de vacile. Ya vale de bromas-.
-Hablo en serio. He venido para tu boda-.
-¿Mi boda? ¿Se puede saber de qué coño estás hablando?-.
-Has dicho la palabra coño dos veces en menos de medio minuto. ¿Es por costumbre o por carencia?-.
-Mira, “Espía cagón leche” o como quiera que te llames-, le dije poniéndome un poquito bravo, -mi nombre es Luis Felipe Pérez García, Luisfe para los amigos, tengo cincuenta y dos años, soy asesor financiero, hace veinte años que estoy casado, tengo dos hijos y no me gusta que me toquen los cojones a las siete y cuarto de la mañana-.
-¿Estás seguro? ¿Te has mirado últimamente en un espejo? Por tu aspecto yo diría que tienes treinta y cuatro años, dos meses, cinco días, dos horas, quince minutos y veintiocho segundos de vida. ¿Dónde está tu esposa? No la veo en tu cama-.
De repente me di cuenta de que estaba solo. Retiré el edredón a mi izquierda y la sábana estaba fría y sin huella de un cuerpo acostado. Salté de la cama y corrí a la habitación próxima. Encendí la luz. Aquel no era el cuarto de mis hijos. El suelo estaba enmoquetado de color rojo. A un lado del ventanal y a lo largo de la pared había un teclado y un par de guitarras que colgaban de los enganches. Al otro una pequeña mesa de mezclas y un ordenador. En el centro de la habitación, un pie con el micrófono conectado a la entrada de la mesa de sonido.
-¿Qué coño está pasando? ¿Qué has hecho con mi familia? ¿Quién ha cambiado las habitaciones?- le gritaba mientras corría como loco por el pasillo de la casa abriendo las puertas esperando encontrarlos.
-¡Rosaaaaa!- grité. -¿Has organizado tú esta movida?-
Entré en el baño. Encendí la luz y me miré en el espejo. Una erupción de calor me subió desde el estómago hasta el cerebro anulándome cualquier posibilidad de pensamiento o reacción y bruscamente se transformó en un profundo escalofrío. La imagen del espejo me miraba alucinada. Era el rostro de una persona con pelo largo y veinte años más joven. Noté que le faltaba el aire y cada vez tenía mayor dificultad para respirar. Sentí su pánico viendo las gotas de sudor frío que le caían desde la frente por el rostro. Mi visión se fue nublando en un último esfuerzo por coger aire, y mientras sentía cómo mis piernas se doblaban como barquillos, la imagen siguió mis movimientos perfectamente acompasada mientras me desplomaba en el suelo.
Fui recuperando el conocimiento poco a poco. Él estaba de pie mirándome fijamente, con la misma mirada y semblante de siempre. Por lo visto me había llevado hasta el sofá de la sala.
-¿Te encuentras mejor?-
-¿Qué me está pasando? Me duele la cabeza-.
-Quiero que te tranquilices y atiendas lo que voy a decir.-
Apoyó sus manos a ambos lados de mis sienes sujetando mi cabeza durante unos segundos. Sentí que una sensación de paz y bienestar recorría mi cuerpo y el corazón latía reposadamente. Desapareció la sensación de miedo y vértigo que me había poseído desde que había abierto los ojos, e increíblemente relajado me dispuse a escucharle.
-Te he dicho antes mi nombre y el planeta del que procedo. Como bien sabrás, mi planeta recibe su nombre en honor a Venus, la diosa romana del amor. Venus y la Tierra son planetas hermanos, ambos son muy parecidos, y cada uno de nosotros tiene su par en la Tierra. Tenemos según nuestras leyes la libertad de intervenir o quedarnos al margen durante toda vuestra vida. Tú eres mi par en la tierra, y hace tiempo que te veo solo y un tanto perdido. Hoy era tu aniversario de bodas y tenías planeado suicidarte exactamente a las doce y media del mediodía. Hasta para poner fin a tu vida eres perversamente maniático. Este es el motivo por el que estoy aquí, he venido para ayudarte. De hecho, ya tengo todo organizado, así que no deberíamos perder mucho tiempo. Te casas hoy a las doce y media.
-Pero si ya estoy casado. ¿mi familia?-
-Tu familia la habías perdido porque no te ocupabas de ellos. Llegaron a formar parte del mobiliario de la casa. Te molestaban. Solamente pensabas en ti mismo. Llevas años esclavizado por tus obsesiones, tus manías, tus miedos. Te estoy dando la oportunidad de intentarlo una segunda vez. Eres de nuevo el que has visto en el espejo. No es un sueño. Hazte a la idea de que has vivido una ensoñación durante todos estos años y que ahora, desde hoy mismo, comienza la realidad. ¿Sabes lo que darían muchos por una segunda oportunidad? ¿La vas a desaprovechar?-.
-¿Porqué tengo que creerte? ¿Y si me tomé ayer algún alucinógeno y todavía estoy puesto? ¡Nadie puede retroceder en el tiempo y ser más joven! -.
-No vas a alterar el orden mundial, es tu propia vida de lo que hablamos. Imagínate que estás echando mano de la memory card de la play station y reinicias la partida de nuevo en un punto en que dominabas el juego, te sentías seguro y controlabas el nivel de dificultad. ¿No quieres intentar hacer esta vez las cosas mejor a partir de ese punto? ¿No estás dispuesto a luchar por esos sueños que fuiste dejando de lado a cambio de una seguridad que te vendieron y que fue poco a poco aniquilándote y dejando vacío de ilusiones? Dejaste de ser tu mismo y te hundiste en la miseria. ¿Quieres coger los mandos y reiniciar el juego de tu vida o prefieres despertarte en tu realidad anterior? Tu decides, pero hazlo rápido. No me queda mucho tiempo para preparar el camino. Yo mismo tengo mis limitaciones-.
-De acuerdo. Estoy dispuesto-.
-Muy bien. Entonces dame las manos y cierra los ojos-.
Riiiiiiinnnng! Riiiiiiinnnng! Riiiiiiinnnng! Riiiiiiinnnng! El teléfono estaba sonando. Corrí del sofá a cogerlo. Era mi padre.
-Luisfe, ¿cómo has dormido hijo?-.
-Bien papá, muy bien, gracias-.
-Pasará a recogerte Carlos con el coche a las doce menos cuarto. ¿Estás nervioso?-.
-No, por ahora no. Me imagino que será peor cuando llegue el momento y estemos rodeados de toda la gente. Voy a pegarme una buena ducha y desayunar. Nos vemos en la entrada del Juzgado-.
-Adios hijo- y colgó.
Cuando llegué a la puerta del Juzgado ya estaba todo el mundo esperando en el exterior. Fui saludando a familiares y amigos mientras me acercaba hacia mis padres. Al momento se creó un revuelo. Me giré y vi a Rosa bajando del vehículo. Estaba preciosa. Se acercó hacia mí y nos dimos un beso. Cogidos de la mano atravesamos el vestíbulo en dirección a un pasillo que llevaba hacia la sala de ceremonias. Detrás nos seguían todos los invitados. De pronto me paré desconcertado. Algo me decía que esa situación ya la había vivido anteriormente, eso que los franceses llaman tan finamente un “déjà vu”.
Sin saber realmente porqué miré a Rosa y le dije:
-Esta vez pienso hacerlo bien, te lo prometo-.
-No sé de que me hablas-.
-No importa, yo tampoco-, respondí. Vamos. Tenemos a todos esperando.
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