miércoles, 5 de enero de 2011

Tranquilos, no pasa nada.

      En un país imaginario, singular y pintoresco como ninguno, en el cálido atardecer de un dia de verano, el Presidente del Gobierno de dicho País realizaba una visita sorpresa a las habituales  “Jornadas de las Juventudes Somelistas”, en las que durante una acampada vacacional de tres días, charlaban y debatían sobre el futuro del somelismo y su adaptación a las estructuras de los sistemas actuales. Después del alboroto general por su llegada, se sentó en un corro con algunos de ellos, rompiendo el protocolo, iniciando una charla informal, preguntándoles por sus principales inquietudes. De repente, uno de los jóvenes alzó la cabeza hacia el horizonte y se levantó sobresaltado.

(Joven 1)  -Aquello que se divisa en el horizonte parece humo-.

(Presidente)  -Tranquilo muchacho. Seguramente es la polvareda que levanta algún 4x4 alterando la paz de la dulce naturaleza-.

 (Joven 1)  -Presidente, ahora se ve una luz muy intensa, parece fuego. ¿No será un incendio?-.

(Presidente)  -Tranquilo muchacho. Es el sol poniéndose tras la ladera del monte. Qué grandioso momento-.
 (Joven 1)  -Presidente, ¿no huele a quemado?-.

(Presidente) -Tranquilo muchacho, estamos en época de barbacoas. Habrán encendido alguna fogata o quizás alguien esté quemando rastrojos-.

 (Joven 1)  -Presidente, ¡mire!. El fuego asoma por aquella colina-.

(Presidente) - Tranquilo muchacho. Efectivamente, parece y digo parece que es fuego, pero en todo caso, estamos lejos de aquella zona. No creo que tengamos que preocuparnos. A la distancia que se encuentra, si es un incendio, no nos afectará-.

           Cinco minutos más tarde… 

(Responsable de las Jornadas)  -Presidente, ¿no sería más seguro desalojar la zona?-.

(Presidente)  –No hay motivos para crear ningún tipo de alarma. Que no cunda el pánico. Me comentan mis asesores que ya están tomadas todas las medidas necesarias para atajarlo. ¡Que corra el salchichón y esa bota de vino!-

    El sonido del rotor de las hélices de un helicóptero se fue haciendo cada vez más intenso. En segundos apareció por encima de los árboles y tomó tierra a unos cien metros de donde estaban todos acampados. Dos hombres con distintos uniformes saltaron del aparato, y agachados para salvar el pescuezo de las hélices, avanzaron hacia el grupo. El presidente y sus asesores dejaron a los jóvenes y se dirigieron a su encuentro. Tras un breve conversación, uno de ellos sujetó al presidente por el brazo y lo llevó hacia el helicóptero. En menos de un minuto el aparato se alejaba por encima de los árboles con el Presidente a bordo, ante el estupor de los muchachos. Uno de los dos hombres que habían descendido del aparato se acercó a los jóvenes. Llevaba uniforme militar.

(Militar) -Escucharme todos. Hemos tenido que evacuar al Presidente por su seguridad. Ahora necesitamos la ayuda de todos vosotros. El fuego avanza de forma incontrolada y todas las manos son pocas en estos momentos. Se acerca hacia aquí un camión para recogeros. Se os va a llevar, junto con mi destacamento a una de las zonas designadas para realizar un cortafuegos. Espero que sepais estar a la altura de las circunstancias. Eso es todo-.

    El presidente, sentado junto a la ventanilla del helicóptero, observó según se elevaban los gestos que hacía uno de los muchachos, gesticulando como loco gritando a los ocupantes del aparato. Se fijó en el movimiento de sus labios.

(Presidente)  –Es curioso Coronel, pero si ese muchacho no fuera un simpatizante nuestro, juraría que está haciendo un corte de mangas y llamándonos hijos de la gran puta. Habrá que sancionar a ese chaval.

(Coronel) –Me temo que no va a poder ser, Señor Presidente. Por fortuna hemos llegado con el tiempo justo para salvarle a usted. La zona está totalmente rodeada por el fuego y será un milagro si salen vivos de esta.

(Presidente) –Bueno, en ese caso lo dejaremos pasar. Estos chavales...
     
                                                                        FIN

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