(Paciente) -Doctor, por más que lo intento, no puedo dejar de fumar.
(Doctor) -¿Le gustaría dejarlo de forma radical?
(Paciente) -Sí, sí. Por supuesto.
(Doctor) -Firme el impreso de consentimiento informado, por favor. Muy bien, ahora encienda un cigarrillo.
(Paciente) -¿Aquí en su consulta?
(Doctor) –Sí.
(Paciente) Saca su paquete de Malboro, extrae un cigarrillo y lo sujeta con la comisura de los labios. En el momento que va a encender el cigarrillo, ¡ foummm ! un hostión que le arrea el Doctor en todo el careto, y el cigarro sale volando por el aire. El Paciente le mira perplejo, incapaz de reaccionar, de articular cualquier palabra mientras le saltan las lágrimas de dolor.
(Doctor) -¿Le apetece encender otro? Encienda, encienda.
(Paciente) -¡ Nooooo, Doctor, no. Gracias. No me apetece...!.
(Doctor) -¿Ve los resultados?. Se lo dije. Un método radical. Son seiscientos euros. Puede irse. La enfermera se encarga de los honorarios. Buenas tardes...
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