miércoles, 5 de enero de 2011
Putas y Cortesanas
Amigo Claudio:
Si damos un repaso a la Historia de España desde los Austria y Borbones parándonos a estudiar la parte más intrigante y escabrosa, la que mezcla política y diplomacia con pasión y bajos instintos, podremos comprobar el papel relevante que las cortesanas han tenido siempre en el quehacer de la Nación.
Una Cortesana de lujo, instruida y con estilo, una puta con clase y maneras, es mucha señora y mucha puta, y allá por donde pisara y en acto social al que acudiera, siempre sabía despertar sentimientos encontrados a su paso. Primero, el deseo de todo macho dispuesto a desenvainarla en cualquier lugar y hora, haciendo valer su nivel social o su linaje, y no hablo de la espada. Segundo, la envidia de aquellos que deseándola, sabían que nunca iban a conseguirla, y tercero, las ganas de envenenarla de más de una noble con la mosca detrás de la oreja y preocupada de que su marido fuera uno de sus fieles admiradores.
Los intrigantes sabían, que además de una conversación ingeniosa, un glorioso revolcón , un polvo castizo y sudado tan auténtico como el cocido madrileño, la casquería o los huevos rotos con patatas, en ocasiones uno podía conseguir por un precio extra, valiosa información de todo lo que acontecía en la Real Villa de Madrid, y que las mejor situadas, por más deseadas, sabían extraer de algún personaje que también se desfogara en el mismo lecho, al que se le fuera la lengua, engatusado tras la cópula y antes de abandonar el lecho caliente al alba.
Eran placeres estos que solamente podían degustar unos pocos elegidos de alto linaje o nivel social, ya que una mujer de esta escuela no caía en los embauques de aventureros y tenorios de la época, teniéndose estos que dedicar a engañar y desfogarse con jovenes ingenuas y enamoradizas o putas de la calle.
Dando un salto en la máquina del tiempo desde aquella época a nuestros días, podemos comprobar que en la actualidad su profesión se ha transformado notablemente. Ante todo, la tarjeta de presentación, la imagen pública. Algunas, al estilo de los camaleones, mutan en el entorno, dándose a conocer como artistas, misses, modelos, presentadoras, tertulianas. Asisten a presentaciones de grandes marcas comerciales, fiestas sociales y demás saraos nocturnos en las que alguien un día les presenta a un famoso torero, cantante, banquero, empresario, con el que mantienen una relación generalmente esporádica. Pero ahora, a diferencia del pasado, todo el mundo debe enterarse. Los secretos de alcoba ya no existen, ahora es en un plató de televisión donde algunas cortesanas van de canal en canal desnudando sus vidas, contando sus intimidades y miserias sin el menor pudor, cobrando por cada visita, por cada trozo de piel que se arrancan en cada entrevista, en cada confesión. Y todo lo que saben de determinado personaje con el que han mantenido una relación queda al descubierto en cinco minutos ante varios millones de espectadores.
Los hombres que con ellas se relacionan tampoco tienen mucho que ver con los de antes de capa y espada. En vez de un encuentro fugaz y discreto gozan con exhibirse ante los demás, las pasean entusiasmados, confundiendo a su vez amor con deseo, intentando crear una relación condenada desde el principio al fracaso. No hay agua suficiente para apagar esta hoguera de las vanidades. A alguno sólo le falta poner en la matrícula de su coche el siguiente lema: “Para chulo, mi pirulo”.
Bien haría a esta sociedad que la peste negra se los llevara a todos en el mismo viaje, incluyendo a quienes organizan esos circos, productoras, mensajeros y plumillas. Pero como las cosas van como van, pan y circo para el pueblo, que así los tenemos entretenidos.
Si nuestro amigo el Capitán Alatriste aun existiera, viviría confuso en un mundo en el que ya nada es lo que parece y pocos son quienes dicen ser.
Como bien dice otro buen amigo extremeño: desde que se inventaron el bidé y la máquina de cortar jamón, ni el coño sabe a coño, ni el jamón sabe a jamón.
Espero Claudio, que a la vuelta de mi viaje, si los controladores lo permiten, podamos seguir charlando con una copa de vino sobre el tema.
Un fuerte abrazo,
Capitán Beltz
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