miércoles, 5 de enero de 2011

Sin calzoncillos y a lo loco...

                                                           Capítulo I

  
         Se despertó sobresaltado. -¡ Hostias, las ocho y cinco !- gritó, mirando incrédulo el reloj despertador. Saltó de la cama como loco. Tenía que estar a las ocho en el trabajo.
- ¡ Puto despertador ! -, exclamó lanzándolo contra el suelo. Hoy mismo me tengo que comprar otro. Es la segunda vez que me falla.
    Abrió el grifo de la ducha mientras se rasuraba la barba con la maquinilla. Listo. Al agua. Metió un pie en la bañera y -¡ joder !- el agua estaba helada. Otra vez el calentador de marras. A tomar por culo, ni ducha ni leches. No me va a quedar más remedio que cambiar el calentador, pensó mientras se vestía. Como no encontraba la caja de sus lentillas de usar y tirar, se puso las gafas graduadas, cogió las llaves del coche y bajó por el ascensor hasta el garaje. Sabía que de casa a la oficina, sin problemas de tráfico, tardaría unos doce minutos aproximadamente. Descendió la cuesta, giró a la izquierda y siguió a toda pastilla hasta llegar al puente de Zubiaurre. Giró nuevamente a la derecha y vió el semáforo todavía en verde. Apretó el acelerador.
    Si el semáforo se ponía en rojo perdería varios minutos. Dos coches iban delante.
     - ¡ Ambar, jodeeeeer...! - . El primero pasó, pero el segundo frenó en seco justo cuando él aceleraba para poder pasarlo también. El ruido de la chapa con el golpe fue acojonante. Le enculó con poderío. Al instante sintió un hostión en todo el careto que le incrustó las gafas hasta los pensamientos. Acababa de descubrir cómo se activa un airbag...
   
   
    Estaba K.O. del golpe. Totalmente grogui se soltó el cinturón de seguridad y salió tambaleante del coche con las gafas en una mano mientras se palpaba la cara con la otra. ¡joder, cómo le dolía la nariz! En ese momento, oyó una voz femenina que procedía de la ocupante del coche embestido.
    -Gilipollas, - ¡estás loco o qué...! -  
Levantó la mirada y la reconoció de inmediato.
    -Hola Laura. ¿Qué tal? ¿Vaya momentazo, eh?-
Élla le miró alucinada, mientras veía la sangre que empezaba a manar de la nariz del tipo que le había sacudido por detrás.
    -¿Miguel?- respondió preguntando a su vez.
    -Sí, o lo que queda. ¡ Mamá pupaaaaa...!

    Hacía por lo menos siete años que no se veían. Habían salido en varias ocasiones durante un verano. Mucha marcha, algún revolcón, y un día sin saber porqué, ninguno de los dos llamó al otro.
    Laura volvió a su automóvil, abrió la guantera y sacó una pequeña carpeta. La apoyó sobre el capó y sacó los papeles del seguro junto con un impreso de parte amistoso de accidente. Él la miraba hipnotizado. La había conocido con veintidós años. La transformación que se había producido en esos siete años era impresionante. Ahora tenía delante de él a una mujer con veintinueve, de una belleza que le tenía totalmente flipado (estaré alucinando del hostión, pensó), y cuya forma de desenvolverse, la seguridad en su tono de voz, no recordaban en nada a la chica pasotilla que él había conocido. Como en un sueño en el que no tienes el control de lo que sucede, su boca se abrió y se oyó a sí mismo diciendo:
    -Laura, esta noche actuamos en la Sala Paraíso. ¿Te apetece venir ? Después podíamos tomarnos una copichuela-.

    -¿Acabas de embestirme por detrás y todo lo que se te ocurre es invitarme a un concierto de rock?   ¿Te has pasado al crack? ¿Ya no te hace efecto la maría? –
    -Laura, no te pongas así... ¿No te das cuenta? El destino nos ha juntado de nuevo. Nada es fortuito en la vida. Esto que ha pasado tiene que ser por algo.-
    - Sí, claro que es por algo. ¿Quizás porque conduces como un borrico y puede que el desayuno haya ido acompañado de un porrito de los que acostumbrabas?. -
    -Coño, si ni siquiera he desayunado, Laura. Se estropea el despertador, el calentador, destrozo el coche, y sólo son las nueve menos cuarto de la mañana. ¿Qué más me depara el día? Si sigo así esta noche acabaré electrocutado con la guitarra. Esto es la teoría del caos. Dime que vendrás esta noche-.
    -Vale, para ya. Iré al concierto, una cerveza y me voy a mi casa... sooliitaaa, que te conozco. ¿De acuerdo? Y ahora vamos a rellenar el parte de una vez que tengo prisa.
                                                                                                                                  (seguirá...)

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